ME LLAMO LUCHA: DUEÑOS DE ESTA CIUDAD
La disputa por el espacio público en la ciudad de Yerevan ha tenido desde la independencia varios capítulos, casi siempre asociado a la lucha contra la privatización de sectores en parques y plazas destinados a cafés y locales comerciales. Este año, fue el turno del Parque Mashdots, un parque lineal en franca decadencia, muy bien ubicado en el centro de la ciudad, conectando la Av. Mashdots con el sector oeste de la capital.
A comienzos de 2012, con autorización de la municipalidad, se iniciaron obras de acondicionamiento en el parque, que tenían como foco principal la construcción de locales comerciales, a modo de compensación a los propietarios de los locales retirados durante la reordenación de la cercana Av. Apovian. El hecho provocó la reacción inmediata de un grupo de vecinos que rápidamente ganó el apoyo de activistas, políticos opositores y artistas, que literalmente ocuparon el parque para evitar la continuación de las obras.
Durante todo febrero, con temperaturas diez o quince grados por debajo del cero, los ciudadanos presentaron resistencia a la construcción (que debió desarrollarse por las noches), enfrentaron a la Policía y consiguieron transformar la oposición a una medida de la municipalidad en una causa ciudadana por el control del espacio público, capaz de movilizar a cientos de manifestantes.
El parque revivió por algunos días el clima activista de la independencia, y cobró fuerza tras el respaldo político de algunos partidos de la oposición, que aportaron cierto marco legal a las demandas. Los manifestantes conformaron una brigada de desmantelamiento (con cascos, guantes y herramientas) que avanzó contra los locales frente a la acción disuasoria de la Policía, que apenas si pudo detenerlos.
Los excesos de la Policía y la torpeza de los jerarcas municipales para generar espacios de diálogo con los vecinos del parque, terminaron por inclinar la balanza en favor de los manifestantes. Rápidamente, las autoridades detectaron el peligro que representaba un fenómeno ciudadano de estas características, embanderado bajo el lema “nosotros somos los dueños de esta ciudad”, en la antesala de las elecciones parlamentarias de mayo y decidieron una salida elegante, recurriendo al mito del rey piadoso.
El 1° de mayo, el presidente Serge Sarkisian dio un paseo por el parque junto al alcalde de Yerevan, y una vez ubicados frente a las cámaras, como un rey cachetón y bueno, se dirigió a Margaryan: «Taron querido, hiciste un buen trabajo, pero esto no es agradable. Busquemos una solución y desmantelemos todo esto”.
La interposición de juicios de valor personales del presidente (lindo/feo), por sobre la legalidad o ilegalidad de las construcciones y el derecho de los ciudadanos a incidir en las políticas urbanas de la ciudad, no puede sorprender a nadie. Esta vez la sorpresa estuvo en la delicada posición en la que el movimiento ciudadano colocó al partido de gobierno, obligándolo a fallar contra los intereses de la clase dirigente.
Probablemente, para esa tribuna -cada vez más numerosa- que mira la política de costado y con los brazos cruzados, el “acto de grandeza” del presidente no pasó desapercibido. Para quienes buscamos las señales de un cambio de época, está claro que estas pequeñas victorias ciudadanas son las que forjan la convicción, los liderazgos y la confianza que requieren las grandes transformaciones.
