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LIBERTAD Y ANESTESIA: EL LEGADO ÉTICO DE ZAHA HADID

Zaha Hadid acaba de morir a los 65 años, y las páginas de cultura de los grandes medios y portales de arquitectura comienzan a poblarse de artículos destacando la obra de la arquitecta iraquí que se abrió paso en las demasiado masculinas “grandes ligas” de la arquitectura.

 

Es el momento en que todos nos tomamos un minuto para repasar el legado de Hadid y reconocer su aporte a la profesión, ahora que sabemos que su obra ha concluido. Ese balance, por su propia naturaleza, parcial y apresurado, suele concentrarse en los aspectos estéticos de la obra, y relega o directamente anula el componente ético de su práctica profesional. En este caso, esa omisión sería un error fatal.

 

Zaha Hadid hizo un culto a la rotura de los límites en la arquitectura. A destrozar cada una de las restricciones físicas y materiales de la forma, desarrollando al máximo la libertad creativa. Incluso es posible que -tal como se jactaba- su ejemplo haya inspirado a miles de mujeres en el mundo árabe a elegir una profesión con libertad. Pero esta aparente vocación por la libertad contrasta con algunas de las decisiones profesionales de Hadid al momento de establecer reparos éticos respecto de los comitentes de sus proyectos.

 

En 2007, Hadid fue seleccionada y contratada por el gobierno de Azerbaiyán para proyectar el Heydar Aliyev Center, un megacomplejo cultural con el que el dictador Ilham Aliyev quiso rendir tributo a su padre, antecesor en la Presidencia de la República y fundador de la dinastía petrolera más corrupta y siniestra del mundo¹.El proyecto, finalizado en 2012,  se convirtió en un ícono de la obra de Hadid, y en la imagen global de un régimen autoritario y xenófobo,  denunciado por Amnistía Internacional y Human Rights Watch por las persecuciones a opositores, violación de la libertad de expresión,  encarcelamiento de periodistas y tortura a detenidos². Incluso durante la obra -al igual que en cualquier otro ámbito de la vida del país- se registraron gravísimas violaciones a los derechos humanos tanto de los trabajadores como de los propietarios de las viviendas expropiadas forzosamente para construir el centro.

 

El edificio proyectado por Zaha Hadid, celebra a un personaje que iniciado en la KGB soviética se encaramó rápidamente al poder llegando a controlar los destinos de la R.S.S. de Azerbaiyán desde 1969 en adelante. Alejado por breves períodos de tiempo del poder, debido a las acusaciones de enriquecimiento ilícito, vínculos con la mafia y sobornos a gran escala, tras la independencia de Azerbaiyán consiguió recuperar el liderazgo del país y el control de sus riquezas petroleras. En 1993 gestó un golpe contra el gobierno electo, que le sirvió en bandeja la presidencia de Azerbaiyán, donde se mantuvo hasta su muerte en 2003, no sin antes asegurar la sucesión directa de su hijo en la presidencia, re-electo indefinidamente en “elecciones” donde los resultados se publican antes de que se emita el primer voto³. Un auténtico déspota, que fundó una dinastía mafiosa a la que sus aliados del Departamento de Estado de EEUU apodaron los Corleone del Caspio4, por su similitud con los personajes de la novela de Mario Puzo.

 

Heydar Don Corleone Aliyev, el dictador que reprimió con puño de hierro a sus ciudadanos durante tres décadas y puso los recursos naturales del país a nombre de su familia, tiene ahora una estilizada curva recortada en el skyline de Bakú que lo inmortaliza. Se trata de una victoria para la libertad de las formas y los materiales que preconizó Zaha Hadid, y de una nueva derrota para la libertad de los ciudadanos de Azerbaiyán que además de sufrir el régimen autoritario forjado por papá Aliyev, deberán abonar los 250 millones de dólares que costó la obra.

 

En México, donde la corrupción se ha enquistado en el gobierno, la sociedad civil tuvo la reserva moral suficiente para obligar a la municipalidad del Distrito Federal a retirar una estatua de Heidar Aliyev del Paseo de la Reforma, por la que el gobierno del pequeño Aliyev había pagado cinco millones de dólares. Fue argumento suficiente difundir el prontuario del homenajeado para que los ciudadanos comprendieran que un tirano de ese calibre no merecía un lugar en la ciudad.

 

Entre mis colegas arquitectos, la indignación parece no haber llegado a tanto y resulta difícil encontrar algún cuestionamiento a Zaha Hadid, esa provocadora adalid de la libertad, por asociar su firma a uno de los dictadores más feroces y corruptos del mundo. Todo un reflejo de las propiedades anestésicas de la guita en tiempos de crisis.

NOTAS 
(1) La Organización Reporte del Crimen Organizado y la Corrupción designó en 2012 a Ilham Aliyev la persona más corrupta del mundo, por la forma en que la dinastía presidencial acaparó los negocios más rentables de Azerbaiyán. El país ocupa la posición 139 en el índice de corrupción de Transparencia Internacional entre 174 países. A la vez es uno de los mandatarios implicados en la investigación de los Panamá Papers, por la constitución de sociedades off shore en Panamá.
(3) El 9 de octubre de 2013 Ilham Aliyev fue “electo” por  tercera vez como presidente de Azerbaiyán, con el 84,5% de los votos emitidos, en unas elecciones consideradas fraudulentas por los observadores internacionales, en las que la aplicación móvil del Comité Electoral anunció los resultados horas antes de la apertura de las mesas de votación.
(4) Cable de la diplomacia estadounidense filtrado por WikiLeaks donde se compara a la familia Aliyev con los protagonistas de “El Padrino”. En la analogía, Heydar Aliyev es el patriarca y capo mafioso Vito Corleone.